jueves, 20 de junio de 2019

Magnus Chase, Bibbi Bokken y Los Libros Importantes.

Para esta entrada estoy probando algo nuevo, esta entrada tiene soundtrack

Mis inicios como lectora tienen título: La Biblioteca Mágica de Bibbi Bokken. Aunque mis primeros acercamientos a los libros datan de años antes, este fue el primer libro que leí sola, y no solo lo leí, lo devoré. Tenía ochos años pero hasta la fecha lo considero mi libro favorito aunque no recuerdo ni de que se trata la historia. Primos, cartas, un profesor y fiordos con nombres impronunciables. No sé más. Sin embargo, este libro le dio un vuelco q mi vida y la transformó como ningún otro hecho la ha podido transformar. Gracias a Bibbi soy quien soy hoy. Los libros forman una de las partes más importantes de mi ser pues fue fácil para mi darme cuenta en ese momento que leer era lo que quería hacer por siempre.

Para poder llegar lo que sigue (el punto de todo este choro) es inevitable hacer una pausa para entender que mi transcurso por la vida se divide en capítulos de obsesiones con una duración temporal de dos semanas en promedio. Hace cuatro semanas enloquecí por un podcast de ciencia que escuché continuamente hasta cuando dormía. Hace dos con las historias de true crime al punto de ver videos de una hora de gente comiendo y contanto sobre misteriosas desapariciones. Ahora no puedo dejar de pensar en no generar basura. Todo esto es para ilustrar que cuando algo me gusta, me gusta intensamente por dos semanas y luego, me sigue gustando, pero pasa a un segundo plano opacado por La Obsesión Del Día.

Hasta los quince años mis obsesiones pertenecían a una sola categoría: libros. Tal vez por eso llegaba a leer con tanta velocidad: dos semanas para leer un libro se transformaron en dos semanas para leer una trilogía, a dos semanas para leer sagas más y más largas. No es que tuviera las semanas contadas, parece ser que la exactitud matemática siempre estuvo ahí, solo no lo noté hasta ahora. Simplemente me apasionaba lo que estaba haciendo al punto de perderme del mundo en otro mundo. Leía hasta ver el amanecer y darme cuenta que no había dormido, anhelaba el viernes libre de tarea para leer toda la tarde, siempre cargaba un libro en la mochila ocupando más espacio que mis cuadernos con los mamotretos que amaba leer (mientras más grande más orgullo). Recuerdo estar tan loca por Percy Jackson que fui con mi padre hasta el aeropuerto para conseguir el último porque era una urgencia, una cuestión de vida o muerte. Vamos, que estaba tan loca que hasta empece un blog. 

Doce años después leer parece más difícil de lo que solía serlo. A pesar de que ya tenia una idea de donde venía mi dificultad creciente para leer tuvo que venir Magnus Chase para que me hiciera click todo.

A partir de cierta edad empecé a perder el “Ohhh Julia es una lectora joven, qué bien” y empezó a ser remplazado por “¿Ya leíste inserte nombre de Libro Importante? Es muy importante”. Antes no importaba el libro que leyera mientras que leyera. Yo elegía y se me felicitaba por ello. Hasta que crecí, porque no me quedaba de otra. Entonces tenía que empezar a leer buenas obras, clásicos, cosas importantes. Tenía que dejar de perder el tiempo leyendo sobre magia. Y lo entendía, hay libros que moldearon el mundo del mismo modo que me moldearon a mi. Empece a leer algunos de estos libros, muchos los disfruté pero otros no tanto. Por ejemplo, enloquecí con Bel Ami, Cien Años de Soledad y Las Amistades Peligrosas pero jamás pude terminar El General En Su Laberinto. El problema no yace en abrir mi mundo a libros “de adultos” sino que en el proceso me vi obligada a cerrar toda otra obra detrás. Tenía 15,16,17, era una niña, pero empece a sentir vergüenza de decir los títulos de los libros que leía por ser para niños, o peor aun... para jóvenes. Antes explicaba saltando toda la trama, llena de emoción, ahora solo contaba los detalles menos ridículos. Frente a los rostros despectivos de aquellos que una vez apreciaron mis reseñas de Young Adult escogía más y más libros que tardaba meses en leer porque no me atrapaban y lo peor es qué tal vez hubiera sido diferente si no sintiera que lo hacía por deber. 

No todo es una cueva gris de la cual batallé por salir. Aprendizaje forzado si me sirvió, pero no es lo q quiero. Además en mi travesía por el mar de los Libros Grandes encontré Las Excepciones, que llegaron a formar parte de mis favoritos y que conocí gracias a mi navegación por océanos desconocidos. Antes siempre favorecí los libros de fantasía pero como estos son solo para niños chiquitos encontré un nuevo obsesion interés por la ciencia ficción. Como las películas de ciencia ficción, hay de dos tipos “los nuevos criticados” y los “viejos de culto”, por suerte y contrariamente a las películas, ambas categorías en forma de libro son decentemente respetadas. En parte porque la ciencia (no-ficción) suele ser respetada solo porque la mayoría no la entiende y debe creer las palabras de los expertos o quedar ridiculizado en el proceso. También encontré una excepción en Amélie Nothomb hasta que una profesora se burló de ella en clase por hacer...libros que gustan a muchos (maldita Amélie, como se atreve). En fin, fuera de algunas milagrosas gotas de lluvia, mi trayectoria por el mundo del libro importante fue bastante árida. 

Pero vayamos de regreso a lo que de verdad importa, Magnus Chase y los Dioses de Asgard. Percy Jackson es la serie de libros (porque en mi cabeza todos los libros de Rick Riordan se llaman Percy Jackson) que me sigue desde los doce años. Como soy una gran fan me es totalmente obligatorio seguir leyendo los libros de Riordan que siguen y siguen saliendo y parecen no acabar (ojalá nunca acaben). Supongo que es mi versión de lo que fue Harry Potter para aquellos que empezaron a leer los libros recién salió el primero. No importa si ya estoy vieja, como empece a leerlos cuando era joven (y bella) y se siguen publicando, tengo el derecho de leerlos sin vergüenza. Hace cuatro días empece a leer Magnus Chase (aunque para todo el que me pregunté qué estoy leyendo, estoy leyendo Percy Jackson) y ya llevo dos libros. Podemos por ellos considerar que mi obsesión actual se llama Magnus y se apellida Chase. Después de años vuelvo a leer horas y horas sin parar y mi horario de sueño está totalmente afectado por leer hasta altas horas de la noche. Sueño, vivo, como Magnus Chase. 

La cosa es que no siento ninguna obligación de leer estos libros, lo hago con total emoción y sin pensar en más. Leer no significa un esfuerzo. No es como que leer estos libros haya sido una repentina revelación. Ya había notado que sentir vergüenza de mi selección de obras literarias me hacía perder mi amor por leer. Empece a forrar mis libros para poder leer libre de prejuicios ajenos. Pero no podía esconder con papel de colores mis propios prejuicios.


Esta mal disfrutar de libros bobos.

Julia, tan buena lectora, desaprovechada leyendo libros de niños chiquitos. 


Estoy harta. 

Básicamente en este momento veo que hay dos opciones: 

1.- Leo lo que se me pegue la regalada gana. 

Significa que soy feliz, leo mucho, y se burlan de mi (obviamente no directamente, desde lejos juzgan mis triángulos amorosos).

2.-Leo lo que debo leer. 

Leo un libro al año, leyendo una oración cada cinco semanas. Sufro, me siento culpable. Soy una mejor persona porque me cultivo intelectualmente. El mundo me aclama por leer lo correcto...

...ah no, eso no pasa. 

Pros y contras considerados creo que sé qué opción quiero elegir. Tal vez no voy a regresar a leer The Cat in the Hat únicamente. Tal vez el cambio no es repetino, no digo hoy, “ya no más” y dejo de tener oso así nomas. Pero estoy dispuesta a re enamorarme de lo único que de verdad he amado. Cueste lo que cueste. No quiero presumir lo que leo, quiero amar lo que leo. Quiero morirme pensando "que bueno que disfrute lo que leí" y no "que bueno que leí todo lo que debía leer". De eso nadie gana. De lo otro gano yo. Como soy una egocéntrica que solo piensa en si misma. Elijo ayudarme a mi. 

Eso era todo, después de meses no hay nuevas reseñas pero sí nuevas quejas y discursos inspiradores. Ahora si me disculpan, tengo una cita con Percy Jackson, digo, con Magnus Chase.


- Julia.

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